Aug 1, 2011
Publicado en 89decibeles.

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Durante la década pasada, con la llegada a superficie de agrupaciones como Bajofondo y Gotan Project, el tango tuvo una especie de renacimiento en su conjunción con la música electrónica y las nuevas tecnologías.

El género, al que por arte de la obviedad se llamó "tango electrónico", no ingresó a la cultura popular latinoamericana como una tendencia musical más, sino que arrastró el respeto y la reverencia que sus antepasados argentinos habían merecido por décadas. Fue un nuevo respiro; el clásico género reivindicándose.

Óscar Herrera, músico costarricense que fuera parte de actos más roqueros como Polaroid y Versión Beta, encontró una parte de su impulso para hacer este disco con ese resurgimiento del tango en la esfera artística y su adaptación a los tiempos modernos.

El resto de su combustible vino de matices más familiares, de las raíces, de esa innegable cultura única que forja nuestra identidad personal por el resto de los días. No todos lo recordarán, pero su padre, Alberto Herrera, conducía un programa televisivo llamado "La Sala del Tango", trasmitido por Canal 4 en la década de los ochenta. Rescatar su legado y el del tango en nuestra sociedad fueron motivos suficientes para que Óscar empezara a componer y escribir la música de la que hoy hablamos.

Una vez que la creatividad fluyó, el músico se alió con colegas harto indicados para la misión. No es coincidencia si los siguientes nombres resultan familiares: Óscar López en bandoneón, Andrés Cordero en bajo, Rolando Herrera en voz, Gabriel Gutiérrez en batería, Ricardo Ramírez en violín y Patricia Velásquez en los aportes visuales en directo. Por su parte, el cabecilla Herrera no se conformó con un solo aporte, sino que trajo a la mesa ciertas voces, guitarras, ukelele, secuencias, acordeón y samples. Y ahí, señores, es cuando podemos decir: habemus Nottango.

Por último, antes de pasar a la música, cabe recalcar que La Sala del Tango llegó al público por primera vez en febrero de 2010. Empero, en un intento por avezar a todavía más personas a sus canciones, Nottango lanzó meses atrás una edición física de su álbum debut, en digipack y con un arte bastante apropiado para lo formal de la especial ocasión. Esa es la versión que revisamos en este texto.


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Si en los primeros roces con las tonadas de Nottango , o con tan solo leer el nombre de la banda e imaginarse su propuesta a partir de la etiqueta de género, usted es de los que piensa que se trata de otra copia de Bajofondo, me temo que no le puedo dar el gusto: son puntos lejanos. Este proyecto va más allá del tango electrónico y, más importante aún, pareciera no tener una fórmula establecida.

Con solo darle una vuelta a La Sala del Tango se sabe que esto, más que un camino unidireccional, es una suerte de recreo entre géneros musicales, momentos y sentimientos, en donde todos comparten los unos con los otros. Es un recreo y es una orgía, porque en la experimentación se vale todo.

Así, lo que parece a ratos música de fondo del restaurante japonés promedio, en segundos puede sentirse como lo que sonaría por las tardes en el mismísimo Kingston. A veces hay cantos de dolor, a veces de amor. De repente una canción es instrumental y de repente otra tiene vocalización toda a base de samples. También, en ocasiones el turno es de Dan Robinson, quien reluce su traje de rapero, aunque lo suyo parezca retenido en intento y le aporte muy poco peso al par de temas en que se le escucha.

Pero retomemos todo el asunto de la música de fondo, ya que, una vez que ahondemos en el asunto, confirmaremos que es el sello que mejor calza en La Sala del Tango. Es menester olvidar, eso sí, la especificación de restaurante japonés. Afuera la idea de que esta es música que vendría bien en cualquier restaurante (aunque lo sea). Lo de Nottango es música de fondo en el sentido de que son sonidos sumamente ricos de escuchar. Su música provoca sentarse y no poner atención, sino perderse en el camino que trazan las melodías, dejando fluir la imaginación.

Lo restringido de su contenido lírico no le resta satisfacción al disco, a menos que queramos enfocarnos en el potencial comercial del mismo, el cual es poco, si es que a alguien realmente le importa. Este tipo de proyectos no tienen éxito asegurado, porque es música no inmediata, pero sí pueden tener un eventual respeto por parte del público gracias a su carácter de calidad. Y eso, señores, vale más.

Simplemente es música a la que hay que dar un tiempo de gracia, que hay que digerir a paso lento, para concluir que su fineza es otro regalo sincero que nos da el arte local.

En dos platos: Nottango presenta nueve temas originales que alimentan fervientemente el mosaico de la música costarricense, dando constancia al utilizar glorias pasadas, renovándolas y ajustándolas a su contexto agregando la salsa especial de la casa. También incluye tres reversiones de canciones estampa del tango y la música latinoamericana que evidencian a sus integrantes como arreglistas de alta categoría.


La Sala del Tango ganó el premio al mejor disco costarricense de música electrónica de 2010, otorgado por 89decibeles a inicios de este año. Visite a la banda en su sitio oficial para más información.

(8/10)